Llevaba andando mucho tiempo, buscando
un sitio donde vivir, un trabajo, un rincón en este mundo. No podía
soportar la presión de no tener a nadie con quien conpartir mis
recuerdos o mi vida, todo enpezó cuando estaba trabajando para un
buen señor, pero yo lo estropee, destruí mi futuro y de tal manera
que ya no podía arreglarlo.
''Muchos años después, frente al
pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de
recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevo a conocer el
hielo. Macondo era entonces una aldea de 20 casas de barro y
cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diafanas que
se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes
como huevos prehistóricos.'' (García M. 1999: 11)
Todo empezó allí, en Macondo, vaya
unos recuerdos que guardaba de tan fantástico lugar, donde enpezé a
vivir para mí y donde pensaba que mi felicidad sería eterna, muy
equivocado estaba, cuando me encontré con la realidad, que tenía que
solucionar y me alisté en el ejército, dónde precicisamente, me
volví a encontrar con esta aldea llamada Macondo. Se esvaneció
aquel pensamiento del cual Aureliano nos había provocado y seguimos
luchando en el batallón.
Aureliano nos volvió a invadir con
otra de sus historias, una de la cual hablaba del descubrimento del
imán, del cual un insolento personaje pensaba que podría sacar todo
el oro del mundo, aquel personaje, llamado Juan, ya fue advertido,
y como el que avisa no es traidor, Juan fracasó en el intento de
sacar todo el oro, lo único que provocó fue risa entre la
muchedumbre.
BIBLIOGRAFÍA
GARCÍA M., G. (1999): Cien años de soledad, Ed. El Mundo, Madrid
BIBLIOGRAFÍA
GARCÍA M., G. (1999): Cien años de soledad, Ed. El Mundo, Madrid
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